La opa del BBVA sobre el Banco Sabadell ha llenado muchos titulares en la prensa económica durante las últimas semanas. En un principio, se trató de una oferta amistosa, que, ante la negativa del consejo de administración de la entidad catalana, se tornó hostil. Lo que no varió fue el precio, un título del BBVA por 4,83 acciones del Sabadell: en opinión de muchos, un importe bajo.
Pese a la connotación negativa de la palabra «hostil», que simplemente implica que la oferta se hace sin un acuerdo previo con los consejeros de la sociedad objeto de la opa, la información que necesita el accionista para tomar una decisión es cuánto va a recibir a cambio de sus títulos. Al margen de lo que digan los medios, esta información vendrá recogida en el folleto de la opa, el documento que el BBVA debe dirigir a la Comisión Nacional del Mercado de Valores junto con la solicitud de autorización de la oferta y en el que se explican todos los pormenores de la operación.
Además de la bendición del supervisor bursátil, el BBVA deberá recabar el visto bueno de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia y el Banco Central Europeo. En una eventual fusión, que se da por hecha, el Ministerio de Economía diría la última palabra.
Pero no adelantemos acontecimientos, porque el escenario actual podría evolucionar en diferentes direcciones. Tal vez surja un caballero blanco —o varios— con una contraoferta mejor. Y no solo mejor en cuanto al precio de compra, pues también se tienen en cuenta sus efectos en la composición del capital o la competencia en el sector; o bien consideraciones de carácter estratégico. Por esto último, la aparición de caballeros blancos suele estar respaldada por los poderes políticos.
Otro desenlace posible es que la opa fracase. Si en algo están de acuerdo los analistas es que ninguno de los bancos necesita la fusión. El perfil crediticio de ambos es bueno y el contexto actual, de tipos de interés altos y crecimiento lento, beneficia al conjunto del sector. El Sabadell, asimismo, ha culminado un proceso de reestructuración que lo sitúa como una entidad solvente y, sobre todo, muy rentable para el accionista; así que este no perdería mucho si finalmente la fusión no sale adelante.
Por otro lado, los inversores de BBVA afrontarían un riesgo de dilución. Con la incorporación, total o parcial, del Sabadell, se ampliará el número de acciones en circulación y, con ello, el capital se «diluirá» en más partes, reduciendo con ello el valor teórico de cada título. Quizá este fenómeno esté detrás de la caída inicial de su cotización tras el anuncio de opa hostil.
En fin, el proceso será largo y habrá de superar muchos obstáculos para llegar a buen puerto. Entretanto aprovecharemos para repasar algunos conceptos y conocer algunos nuevos con un ojo siempre puesto en la actualidad.